
La mayoría de nosotros no dudaríamos en afirmar que el lenguaje está caracterizado fundamentalmente por la comunicación, lo cual, como habremos de ver, es falso.
No es difícil comprobar que otras especies se comunican entre sí.
Las abejas son capaces de transmitir información acerca de la cantidad de alimento, la dirección y la distancia a la que éste se encuentra. Ciertos monos, los llamados vervet, usan tres tipos de chillido para indicar la presencia de tres predadores distintos: uno para serpientes, otro para leopardos y uno diferente para águilas.
Pensemos un instante en el modo en que las ranas capturan su alimento. Se posan cerca de un estanque y esperan en silencio que pase volando algún insecto para inmediatamente
disparar su lengua y capturarlo.
Experimentos con estos animales han mostrado que las ranas hacen lo mismo si lo que pasa volando a su lado es un bolita de papel arrojada para ese efecto y que no reconocen a los mismos insectos que habitualmente capturan si éstos se encuentran a su lado con las alas cortadas y sin la posibilidad de volar.
Esto sugiere que las ranas se encuentran preparadas para reconocer como alimento a aquello que pasa volando, independientemente de sus otras características.
Pero reconocer quiere decir asociar un conjunto de percepciones con una generalidad, previamente hecha, es decir, con una representación.
No es difícil comprobar que otras especies se comunican entre sí.
Las abejas son capaces de transmitir información acerca de la cantidad de alimento, la dirección y la distancia a la que éste se encuentra. Ciertos monos, los llamados vervet, usan tres tipos de chillido para indicar la presencia de tres predadores distintos: uno para serpientes, otro para leopardos y uno diferente para águilas.
Pensemos un instante en el modo en que las ranas capturan su alimento. Se posan cerca de un estanque y esperan en silencio que pase volando algún insecto para inmediatamente
disparar su lengua y capturarlo.
Experimentos con estos animales han mostrado que las ranas hacen lo mismo si lo que pasa volando a su lado es un bolita de papel arrojada para ese efecto y que no reconocen a los mismos insectos que habitualmente capturan si éstos se encuentran a su lado con las alas cortadas y sin la posibilidad de volar.
Esto sugiere que las ranas se encuentran preparadas para reconocer como alimento a aquello que pasa volando, independientemente de sus otras características.
Pero reconocer quiere decir asociar un conjunto de percepciones con una generalidad, previamente hecha, es decir, con una representación.
Con lo cual habremos de decir que inclusive la rana es capaz de una representación, aunque ésta sea muy limitada. Aseguramos también que, representar no implica necesariamente comunicar.
Regresemos un momento a los vervet. Estos monos poseen un chillido especial para las serpientes. Al observar a este reptil, huyen hacia el árbol más cercano pero antes emiten una
llamada de alerta para los demás miembros del grupo.
El Vervet en cautiverio, sin contacto con una serpiente o un grupo de congéneres, han mostrado similar conducta inclusive frente a las correas zigzagueantes que se hacían pasar a su lado.
Regresemos un momento a los vervet. Estos monos poseen un chillido especial para las serpientes. Al observar a este reptil, huyen hacia el árbol más cercano pero antes emiten una
llamada de alerta para los demás miembros del grupo.
El Vervet en cautiverio, sin contacto con una serpiente o un grupo de congéneres, han mostrado similar conducta inclusive frente a las correas zigzagueantes que se hacían pasar a su lado.
No es posible que esta reacción sea aprendida y la propuesta de que se trate de una representación innata se corresponde perfectamente con los procedimientos de la evolución.
Efectivamente, en la perspectiva evolutiva, es razonable suponer que los antepasados de los vervet, llamémoslos protovervet, no huían de una serpiente la primera vez que la
veían sino que debían aprender a huir luego de un conjunto de experiencias propias o ajenas.
Efectivamente, en la perspectiva evolutiva, es razonable suponer que los antepasados de los vervet, llamémoslos protovervet, no huían de una serpiente la primera vez que la
veían sino que debían aprender a huir luego de un conjunto de experiencias propias o ajenas.
Sin duda muchos protovervet se sacrificaron para hacer posible este aprendizaje.
Advirtamos que aprender a huir frente a una serpiente sólo quiere decir conectar en el cerebro las células de la percepción del reptil con las células que controlan la huida.
Si por una simple casualidad, un protovervet sufriera una mutación que le conectara al nacer estos dos tipos de células, este ejemplar tendría una ventaja evolutiva frente a los demás, sobreviviría a más ocasiones de peligro, viviría más, tendrían más descendencia y perpetuaría su mutación.
Con el tiempo, el protovervet se extinguiría para dar paso al vervet, una especie con la capacidad innata de huir de una serpiente desde la primera vez (aunque nunca hayan visto ninguna).
Con el tiempo, el protovervet se extinguiría para dar paso al vervet, una especie con la capacidad innata de huir de una serpiente desde la primera vez (aunque nunca hayan visto ninguna).
En colación a estos hechos y analizando el tema desde la perspectiva de los lingüistas, tenemos que trasladarnos a Chomsky y su concepción generativista del lenguaje que respalda la existencia de una gramática universal; es decir, que todas las lenguas del mundo poseen la misma estructura, un patrón automático para ordenar los elementos léxicos.
En este sentido, el léxico (sustantivos principalmente) debe ser anterior a la sintaxis; por eso los niños (hasta aproximadamente los dos años) carecen de gramática, no han desarrollado un lenguaje sintáctico.
Bickerton ofrece una alternativa reforzada y mejorada de la Gramática Universal de Chomsky; mantiene la existencia de un bioprograma (a nivel cerebral) asociado a nuestro código genético, que permite al cualquier niño del mundo adquirir una lengua (de la misma forma que los vervet poseen tres tipos de chillidos para tres peligros distintos desde que nacen).
El habla del niño demuestra que éste trata de construir su lengua respetando el biopograma.
Al lenguaje lexical que dominan los niños de dos años Bickerton lo denominará protolenguaje.
Reduciendo el concepto lenguaje a una fórmula ésta se expresaría de la siguiente manera:
Protolenguaje + sintaxis = lenguaje
(léxico)
Tarrace (1979) probó que algunos simios podían desarrollar algo muy parecido al protolenguaje, pero no podían producir los sonidos de una lengua al no tener un control cerebral de sus emisiones vocálicas. Pero estos simios eran incapaces de sintaxis.
El protolenguaje aparecería en nuestra especie de la mano del H. erectus (1.5 mill. años b.p, primer homínido en salir de África, fabricar herramienta simétricas -bifaces-, y llevar a cabo un protolenguaje).
Será con el H. sapiens (200.000 b.p) cuando podamos hablar, por primera vez en la hª de la humanidad, de lenguaje. El hombre moderno posee la gran ventaja de tener capacidad para la sintaxis, algo que nos permitirá representar todo cuanto podamos percibir y constituirá una clara ventaja evolutiva sobre el resto de las especies.
Por lo tanto y a modo de conclusión podemos afirmar que la verdadera naturaleza del lenguaje no es comunicativa, sino representativa.
El lenguaje es un medio representador que se encarga de representar el mundo que nos rodea, representar los conceptos y operar con ellos. Permitiendo incluso la representación de nosotros mismos, representación a la que llamamos conciencia.
Si alguien os pregunta sobre cuál es la principal característica del lenguaje, al menos sabéis que no es la comunicación.
1 comentario:
uuuu aaaaaaahhhhhh!!!!!!
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