miércoles, 29 de abril de 2009

De la indiferencia y la deferencia.


Mantenía el economista Alfred Marshall que ''la pregunta -decía- no es si todos los hombres llegarán finalmente a ser iguales, que ciertamente no lo serán, sino si el progreso avanza constante, aunque lentamente hasta que, al menos por su trabajo, todo hombre sea un caballero. Yo sostengo que sí avanza, y que esto último ocurrirá''.


Para Marshall caballero era sinónimo de civilizado.


Marshall se encargo de analizár eso que llamamos clase social, concepto clave dentro del catequismo marxista. Lejos de aceptar el requisito económico como credencial para pertenecer a una clase, adhirio este aspecto a la propia construcción que hacemos de la persona. Ejemplo:


''Cuando decimos que un hombre pertenece a una clase trabajadora pensamos más en el efecto que el trabajo produce en él que en el efecto que él produce en su trabajo'' ; ¿pensaríamos lo mismo de un economista?.


Reflexionando sobre el concepto de clase social me he dado cuenta que no existo dentro del manual del marxismo ortodoxo. Resulta que no soy ni proletario (revulsivo revolucionario para los marxistas), ni campesino (revulsivo revolucionario para la revolución soviética y china), ni produzco (fuerza productiva), ni controlo (medios de producción)...


Me cuesta mucho trabajo adscribirme a una clase social dentro de nuestro mundo presente, será que la tradicional vara de medir del marxismo: medición en clases sociales, hace algunas décadas que dejo de funcionar.


Ya no me dicen nada las colectividades ni las clases sociales, ahora simplificadas al mero snobismo. Ahora hablan los individuos por sí sólos. La era de las agrupaciones, conciencias de clase, clases sociales.... culminó; son envoltorios caros que portan como regalo una devaluada pseudociencia social.


Ahora estas tú, tus vicios y tus virtudes, tu conexión a internet, el grupo de personas que consideres importante (madre, novia, amigo... tu perra), las aficiones y placeres que te hacen sentir vivo y tu particular filtro para adscribirte o esquivar los cebos encarnados por una bien diseñada estructura global y neoliberal.


La esperanza, adelanto que no es Barak Obama, es la capacidad pulmonar que le quede a cada estado nacional para poder seguir manteniendo políticas sociales. Ya veís los cambios de perspectiva, la dinámica pendular. Recordemos ese apático planteamiento de ''amor patrio a la nación'' típico de los nacionalismos del XIX y totalitarismos del XX; muy desprestigiados en el último cuarto del siglo XX y ahora convertido en la única referencia que actualmente nos queda para dar cobertura real a nuestro estado de supervivencia.


La de los grandes proyectos de calibre mundial, exóticas ideas revolucionarias , aspiraciones visuales de halcón pelegrino, prospecciones de futuros ideales, vidas encomendadas al futuro... es una película que corresponde a otro momento. La película actual es un híbrido ente los postulados estoicistas y los epicureistas; entre el buen rioja, las buenas partidas de póker y ajedrez y el llevarte bien con los tuyos; el de valorar más la educación y el tiempo libre que el simple aumento de salarios y comodidades materiales: el momento de vivir con deferencia.


Hobsbawm decia que el nuevo siglo sería el de la incertidumbre, yo añadiría que también lo es del presente. Al idealismo y sus paradigmas se lo ha ''beneficiado'' el posmodernismo.


Lo bueno de todo esto es que hasta el consumismo, la eroína del XX con el HDL alto, esta siendo incluso cuestionado. Nuestro mundo, el occidentel rico, no el mundo de las mujeres y niños de Darfur, las adolescentes de Haití y los chavales de Sierra Leona (a los que creo que por un mínimo de decencia humana no puedo meter en mi mundo); podría ser mejor, pero también peor. El resto del planeta, la verdad, tendriamos y tendrían que tejer, a estas alturas ya, muy fino para hacerlo más insostenible.


Mi más sincero aprecio a las asociaciones de vecinos y de animales, claros ejemplos de asociaciones con capacidad práctica y solidaria respectivamente.


La pintura es de E. Munch, también por respeto a este.

1 comentario:

VOLTAIRE dijo...

No te vuelvas un hipocondriaco como ese pintor. La verdad que todo esto deberá estallar por algún lado, bien sea con una clase social nueva o un giro inesperado aún por llegar.
Lo único cierto el o que tenemos en la actualidad, mirar al pasado ya no vale para nada y mirar al futuro se hace cada vez más miope, asi que ell ahora es lo que vale.